hambre
global
Iván
Restrepo
José Graziano Da Silva (Brasil,
1949) acaba de ser nombrado secretario general de la Organización de Naciones
Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO) para el periodo 2012-2015. En
los 66 años de historia de la organización es el primer latinoamericano que la
preside. El brasileño fue elegido con 92 votos contra 88 de su adversario, el
ex canciller español Miguel Ángel Moratinos. El nuevo director logró el
respaldo de América Latina (menos de México), y de los llamados países no
alineados” del Grupo 77. El proceso de elección en cierto momento desató
polémica porque, tras la primera ronda, Brasil pidió un receso para reunirse
con los países no alineados y cabildear su voto. Esto provocó malestar en la
delegación española, la cual alegó que no estaba permitido suspender la reunión
durante una votación. Se demostró que no había ilegalidad y lo primero que hizo
Da Silva luego de su elección fue precisar que ya no es el candidato de Brasil,
sino el director general de todos los países integrantes de la FAO. Pero
reconoció que hubo una división del voto entre los países del sur, que
apostaron por él, y los del norte, que eligieron a Moratinos. Algo inocultable,
pues existen “divergencias profundas” entre ambos grupos. “Eso no significa que
estén en contra de mi candidatura”, precisó Da Silva, quien espera poder
alcanzar los acuerdos necesarios para luchar más rápidamente contra el hambre
en el mundo.
Además de sus méritos académicos, Da Silva suma el haber sido cercano
colaborador del presidente Lula y responsable del exitoso programa para
erradicar el hambre en Brasil, el llamado Fome Zero. En apenas cinco años logró
que 24 millones de habitantes dejaran la condición de pobreza y redujo en 25
por ciento la desnutrición, usando sólo 0.5 por ciento del PIB brasileño.
Luego, como subdirector general de la FAO y representante regional por América
Latina y el Caribe, coordinó exitosamente la Iniciativa América Latina y Caribe
Sin Hambre, por medio de la cual los países de la región fueron los primeros en
el mundo en asumir el compromiso de erradicar el hambre antes de 2025. También
llevó adelante el proceso de articulación entre la FAO y los demás organismos
pertenecientes a las Naciones Unidas.
Su programa de trabajo incluye temas urgentes en la agenda mundial, como
erradicar el hambre, reducir la pobreza, elevar la producción de alimentos y
buscar en todo lo posible el equilibrio “nuevo y sostenible” entre la
producción y el consumo de alimentos, además de continuar la reforma de la FAO
y ampliar la cooperación entre los diferentes organismos de las Naciones
Unidas. Da Silva sostiene que los precios de los alimentos básicos seguirán
altos durante varios años por estar relacionados con la situación inestable de
los mercados financieros. Otra prioridad será atacar este problema. Además,
condenó el monopolio de las empresas multinacionales sobre las semillas, pero
advirtió que la biotecnología “ofrece nuevos caminos a la ciencia y no la
debemos descartar a priori”. Y que no hay que demonizar los biocombustibles, pues
son una “alternativa real para algunos países”.
Quien mejor resumió el reto que tiene la FAO en los años futuros fue Ignacy
Sachs, antiguo amigo de México, adonde trajo en 1973 las ideas del
Ecodesarrollo. Días antes de la elección de Da Silva, el profesor Sachs señaló
la necesidad de reformar y fortalecer la FAO como medio para consolidar
prácticas agrícolas socialmente incluyentes y medioambientalmente sustentables
y para establecer una agenda que permita avanzar efectivamente en la
erradicación del hambre en el mundo. Dijo que era fundamental fortalecer la
agricultura familiar y las políticas públicas para que los productores
permanezcan en el campo; mejorar la infraestructura productiva; que los
campesinos tengan acceso al crédito y a la asistencia técnica y a la extensión
rural de calidad para cosechar y comercializar los productos. También, lo
urgente de reconocer la función de los pequeños y medianos agricultores como
guardianes de la biodiversidad, de la integridad de los paisajes rurales y de
la seguridad alimentaria. Las políticas que refiere el profesor Sachs como
prioritarias para la FAO son igualmente las que hacen falta en México.
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